Crónicas de Pandemia. La historia se repite.

Por Beatris Mejias calero - 24 feb 21 - Noticias - No hay comentarios

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El patrón de conducta social ante una epidemia es siempre el mismo. Se inicia con la DESESPERANZA por miedo a lo desconocido, la desconfianza  al observar las discrepancias entre lo que dicen y lo que hacen- mejor dicho, lo que no hacen.

Le sigue la conducta ESPERANZADA; ya antes de finalizar la inevitable tragedia, la sociedad se lanza a la búsqueda de oportunidades basándose en sus puntos fuertes ( fe, solidaridad, solvencia económica, situación geográfica, demografía,…). El olvido es tendencia general y se impone el optimismo y la desidia previsora  de cara a la siguiente epidemia, donde se repetirá el mismo patrón de conducta.

En la revisión de la pandemia de gripe de 1918 se ven situaciones superponibles a la actual de la COVID-19. Veamos algunos ejemplos.

La explicación aparecida en periódicos, que las autoridades daban a enfermos y ciudadanos en 1918, al principio de la pandemia, es que se trataba de una gripe más, prácticamente como un resfriado. Era una forma de tapar la ignorancia sanitaria, lo que provocó en unos, falsa seguridad y en otros, desconfianza; ningún factor era bueno para evitar la diseminación y minimizar las consecuencias.

La actual pandemia se explicó por muchos como un simple resfriado, del estilo de una gripe benigna; se adelantaron datos epidemiológicos-“habrá uno o dos casos a lo sumo”-y se prescindió, naturalmente, de tomar medidas sanitarias. El conocimiento inmediato de su etiología y los avances médicos del siglo XXI, no aportaron muchas ventajas respecto a la gripe de 1.918, cuya etiología tardó en conocerse más de 15 años.

No fue España el primer país con la gripe de 1918, pero no controló absolutamente la información, como hicieron los países en guerra. En verano, el corresponsal en Madrid de “The Time” destacaba la llamada “enfermedad de moda” en España, haciéndose eco de la información en toda Europa que, solo entonces, reconocieron su existencia, pero con el nombre, difundido desde Italia, de “gripe española”.

Los periodistas españoles, recordando “el mal napolitano” o sífilis, hicieron intentos de neutralizar la idea italiana con el nombre de “Soldado de Nápoles”-serenata pegadiza como la gripe- (de la zarzuela “La canción del olvido”, estrenada en marzo de 1918). No pasó de una broma compatible con el principio benigno de la gripe en marzo. Las serias protestas de la débil diplomacia española no evitaron que, con esta injusta marca, quedáramos marcados como país sucio y mal preparado sanitariamente. No sería la única vez: mal español, neumococo 23-F y neumonía Benidorm son otros  ejemplos.

En el siglo XXI, varios debates prueban la importancia del nombre, como SARS, gripe A (H1N1) y virus (H1N1)pdm09. En la pandemia del resfriado por coronavirus,  frente al virus chino, resfriado chino, neumonía de Wuhan…, el creciente  poder de China en la OMS impone los términos “ COVID-19” para la nueva pandemia y “SARS-CoV-2” para el agente causal. Pero no cantemos victoria, con estos nombres, tan raros como  impopulares. Quedan muchos hallazgos por denominar.

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