De nuevo, el cuidado

Por Beatris Mejias calero - 6 sep 21 - Noticias - No hay comentarios

????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????La COVID-19 transformó la cotidianidad de todas las personas. Y esos cambios -en no pocos hogares y no solo en esta Isla-, tuvieron que ver directamente con las modalidades docentes a que obliga la contingencia sanitaria. La psicóloga Ana Laura Escalona, parte del equipo de los psicogrupos WhatsApp que tanto han ayudado en estos meses, ha explicado que entre los asuntos más señalados por las personas que solicitaron ese apoyo virtual se encontraban desajustes de la conducta de niñas y niños, muchas veces debido a trastornos en los horarios y rutinas de la vida en familia.

La paralización de las actividades docentes presenciales y su transferencia a las modalidades a distancia trasladó esas tareas a las familias, con todas las responsabilidades que ello implica. Además de las tensiones cotidianas del trabajo y la subsistencia, las mujeres, sobre todo, tuvieron que convertirse en coordinadoras de actividades o profesoras.

Las razones están ancladas en las profundas raíces patriarcales que nos signan. Las madres de esta nación caribeña continúan siendo las principales responsables de la crianza, un tema tan arraigado, tan naturalizado, que la doctora Patricia Arés reconoce que genera, incluso, “resistencias de muchas mujeres a ceder espacio al hombre en la crianza y, concomitantemente, la dificultad de muchos hombres de crearse un espacio claro para el ejercicio de una nueva paternidad”.

La crisis sanitaria ha generado el paso de dobles a triples y hasta cuatro jornadas de trabajo para las mujeres de toda la región, donde la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) ha calculado que el aporte del trabajo de cuidado al PIB nacional representa 19,5 por ciento promedio por país. Un aporte que –también a nivel latinoamericano- suele ser esencialmente femenino.

Las brechas, además, no se refieren únicamente al esfuerzo físico. Como norma, esas tareas que realizan mayormente las mujeres implican además un importante desgaste psicológico. La ENIG 2016 calculó que ellas dedican más de 21 horas semanales a planificar y asegurar la vida cotidiana, mientras los hombres emplean menos de la mitad –unas 8 horas y media semanales- en esas mismas tareas.

Para asegurar la continuidad educativa en medio de la pandemia, Cuba, otra vez, apuesta a cambiar y transformar la escuela. A llevarla a las salas de las casas, al menos por ahora. Se dice fácil, pero se trata de un esfuerzo enorme que implica al sistema educativo, los medios de comunicación y, en puesto de prioridad, a las familias.

Un estudio realizado por profesores de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana este marzo, a un año de pandemia, confirmó que si difícil resulta mantener el confinamiento en las condiciones económicas de Cuba, mucho más lo ha sido organizar el estudio en tiempos de aislamiento físico. Las teleclases y otras formas de orientación del aprendizaje no son nuevas acá, pero siguen generando resistencias en una población con altos niveles de interacción familiar y social incorporados desde el ADN nacional.

Especialistas constatan que más de la mitad de niños y niñas de la muestra de estudio –unas mil familias que solicitaron ayuda a las consejerías a distancia- ofrecía resistencia para estudiar en casa y cerca de un cinco por ciento no lograba concentrarse en las tareas escolares. No sorprende, entonces, que puertas adentro de los hogares se hayan disparado las tensiones, con especial impacto para madres o abuelas.

A juicio de Ana María Cano, ante un nuevo curso se imponen, también, nuevas interrogantes: ¿Cómo puede, cada uno de nosotros, contribuir con ese proceso? ¿Qué debemos hacer para garantizar ese sentimiento de orgullo y felicidad que nos llena cuando nuestros niños o niñas llegan a casa con buenos resultados académicos?, indaga la psicóloga del Cenesex.

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