¿Qué hace cuando su paciente comienza a llorar?
En mi breve carrera médica he trabajado en países muy diferentes. Asistí a la facultad de medicina en Nepal, donde nací y crecí. Luego fui a Japón en 2012 para capacitarme en oncología médica. Cinco años después, en 2017, regresé a Nepal para trabajar como oncólogo antes de mudarme a Massachusetts, Estados Unidos, por una beca de investigación en política de cáncer en 2018. Ahora vivo y trabajo en Ontario, Canadá, habiéndome mudado aquí desde Boston a principios de 2019.
Comenzar un trabajo clínico en un nuevo país siempre representa un reto, no solo por las diferencias en los sistemas de atención médica, sino también por las diferencias culturales que conforman la práctica de la medicina.
Mientras me familiarizaba con las clínicas de oncología donde ahora practico en Queen’s University, en Canadá, no me preocupaban los protocolos de tratamiento y las dosis de fármacos. Los tratamientos del cáncer cambian con rapidez. Los tratamientos de algunos tipos de cáncer cambian literalmente de la noche a la mañana durante los congresos importantes. Sabía que siempre podría buscar el tratamiento más apropiado en una determinada situación.
Mantenerse actualizado en los últimos tratamientos del cáncer es una cosa, pero dar noticias difíciles y adaptar cómo darlas tomando en cuenta el individuo y la cultura en que vive, es otra bien distinta.
Andrea fue una de mis primeras pacientes en Canadá. (Andrea no es el verdadero nombre de la paciente, y algunos detalles de este caso y los que comentaré más adelante se han modificado para proteger la privacidad de los pacientes.) Tenía cáncer de colon en etapa III que se trató mediante cirugía y quimioterapia adyuvante. Lamentablemente, su tumor había recurrido y estaba allí para darle esta mala noticia.
Estaba esperando en la clínica con su esposo. Me presenté primero y platicamos sobre Kingston, el clima y nuestras familias. No podía reunir el valor para informarle la verdadera noticia. Pero tenía que hacerlo. Repasé sus antecedentes y me aseguré de que comprendiera por qué había recibido quimioterapia después de cirugía. Luego le di la mala noticia: el cáncer había reaparecido, afectando múltiples sitios en hígado y pulmones.
Andrea estaba consternada. Sospeché que había imaginado que se había curado. Rompió en llanto. Su esposo estaba en silencio, sus ojos revelaban desesperación. Me quedé inmóvil, no sabiendo qué hacer.
¿Debía tomar sus manos o darle un abrazo? ¿Debía comenzar a hablar sobre opciones de tratamiento en el contexto metastásico, tal vez darle alguna falsa esperanza ofreciéndole inmunoterapia? ¿O simplemente debía darle algunos pañuelos y permanecer en silencio y luego ofrecerles a ella y a su esposo un momento en privado y salir del cuarto?

